Corría el año 1988 cuando accedía por primera vez a la clase de diseño gráfico asistido por ordenado que ostentaba el muy nombrado EPSS de Barcelona. Uno de los pocos “Trainig Center Autocad” que existían en el país por aquel entonces. Nos repartimos en el aula a 3 alumnos por equipo, mientras el profesor rezaba –Chicos no toquéis nada aún- imposible seguir esa indicación. Todo era nuevo y atrayente, un ratón con una bobina en medio, jo que cosas, una tabla rara con símbolos de diseño, una pantalla color crema a juego con el teclado expandido “super way”. Ya os podéis imaginar la escena, todos con cara de haba, todos semillas púberes de técnicos en potencia, el futuro del país para los proyectos que estaban por venir.
Después de las indicaciones pertinentes por parte de nuestro amado profe, nos dispusimos a accionar el pulsador de arranque situado en la gran caja de color crema, también a juego con el resto de periféricos. Una serie de mensajes ininteligibles empezaron a aparecer en pantalla, la expectación era total, se abría para nosotros el mundo del diseño gráfico por ordenador. Menos mal que todo estaba preparado para que Autocad Versión 10 apareciera directamente sin necesidad de utilizar ningún comando de DOS, si no, alguno de los alumnos que no habían escrito ni un comando en su vida, apañaos estaban.
Primeras explicaciones, de la diferencia entre un ratón y un dispositivo apuntador, el funcionamiento de las tabletas digitalizadoras y como no, los periféricos que por aquel entonces algunos ya empezaban a ser conocidos como, el disco duro bufff, vaya tela 20Mb, cabía hasta la enciclopedia inglesa, la tarjeta gráfica o la disquetera de 5 ¼ . Una vez cumplimentado el protocolo rigor con respecto a las primeras nociones y habiendo podido dibujar una recta, perfecta, perfectísima, en la pantalla de fósforo verde, el tiempo había transcurrido inexorablemente y el timbre nos indicaba que era necesario realizar el cambio de clase.
Bueno, una línea recta, no está mal para ser la primera vez, era una línea perfecta. Fueron transcurriendo las clases y fueron discurriendo las instrucciones, line, donut, hide… y otras muchas que era necesario aprenderse de memoria, ya que por aquel entonces el “Help” era para gritarlo cuando uno se ahogaba en el extranjero y no para preguntar como ser dibujaba un arco. Después de multitud de horas de clase éramos capaces de dibujar lo más simple, ehhh!!! Pero incluso en 3D, vaya salto, de realizar un simple cuadrado a convertirlo en un objeto con volumen que maravilla, la cantidad de aplicaciones que se le podían dar a una herramienta tan avanzada.
Con el transcurso de los años, hemos podido comprobar que desde el 88 hasta ahora, la evolución ha sido, por decirlo de alguna manera, increíble vista desde los ojos de un adolescente de los ochenta. Nadie se podía imaginar que el diseño y desarrollo tecnológico gracias a esas herramientas ha sido la clave para llevarnos hasta donde estamos. Podríamos ir citando multitud de programas que han aparecido, que han tenido su esplendor y que han quedado relegados al recuerdo por no cumplir con los exigentes requisitos ha ido marcando este tipo de aplicaciones. Había para todos los gustos, Autocad, Orcad, para los más osados 3D Studio y otros muchos, que te permitían diseñar en 2D, 3D, modelizar y otras muchas cosas más.
Ahora, con nuestros potentes, Mechanical, Catia, MicroStation, RobCad etc… parece un juego de niños el crear un objeto, con los materiales definidos, calcular su peso, la fatiga, simular movimientos, e incluso lanzar su programa al control numérico de un centro de mecanizado para ser esculpido (CAM). Sin duda, grandes avances que han simplificado el trabajo de nuestros diseñadores gráficos y proyectistas, recordándolos ante la mesa de dibujo, tirando líneas y con la calculadora científica en ristre para realizar cálculos tediosos y repetitivos.
Después muchos años trabajando en ingeniería, esta es la sensación que tengo de la evolución de estas herramientas. Ha costado un poco definirlas como tales, pero en definitiva es lo que son. En contra partida, la agilidad en el diseño gracias a este tipo de software, ha repercutido en el valoración económica de los proyectos, a causa de que la inversión de horas para poder obtener un producto acabado se han recortado sustancialmente, incluso llegando a devaluar la creatividad de nuestros técnicos, confundiendo las horas de desarrollo con las del diseño. Es una lástima pero es así.